2 de marzo de 2012

No fueron necesarios, fueron imprescindibles

Añadido en HISTORIA RSG por admin

nullEl pasado 24 de febrero hizo 13 años que falleció Don Angel Viejo Feliú el que fue presidente del Sporting (desde 1973 al 1977) y promotor de una de las más clásicas escuelas de fútbol de España, la de Mareo. Desde ULTRA BOYS no nos vamos a cansar de ir “homenajeando” a las personas que hicieron grande a este club y esta persona es una de ellas y es por eso que hoy os vamos a dejar un pequeño reportaje sobre quien era esta persona, que gracias a ella nuestro club es envidiado por muchos club de España.
Posiblemente sea de las 4 o 5 personas más importantes de nuestra más que centenaria historia, ya que su visión de futuro hizo que pudiéramos disfrutar de una parte de los jugadores que fueron pretendidos por media España y que también forman parte importante de la historia de este club, los Juan Carlos Ablanedo, Eloy, Luis enrique, Abelardo, Juanele, Villa, etc.
Bajo su mandato, el equipo rojiblanco logró su último ascenso a Primera División y compró los terrenos donde inició las obras para construir la Escuela de Fútbol de Mareo. Abogado y empresario, Angel Viejo accedió a la presidencia del Sporting en el verano de 1973, al ganar las elecciones por tres votos al otro candidato, Enrique López. Su mandato al frente del equipo coincidió con el descenso a Segunda División, en la temporada 75-76, pero el Sporting regresó a Primera antes de su despedida, en junio de 1977, cuando Manuel Vega Arango tomó el relevo de la presidencia. El inicio de las obras para la construcción de la Escuela de Fútbol de Mareo, con los 50 millones obtenidos por el traspaso de Churruca al Athletic de Bilbao, constituyó la base del exitoso paso de Viejo Feliú por el Sporting. Su etapa al frente del club coincidió con una de las mejores plantillas en la historia del Sporting, en la que figuraban Quini, Ferrero, Ciriaco, Valdés, Castro, Mesa o Tati Valdés.

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(En la Escuela de Mareo después de ganar al Oviedo y subir a Primera División)

Pedro Luis Fernández realizó un escrito incluido en el libro “Un Siglo del Sporting” editado por la Nueva España que creemos muy interesante para saber cómo era don Angel Viejo Feliú:

Hace muchos años, cursando EGB en los HH Maristas de Oviedo, me llamó la atención la lectura, de aquellas obligatorias para aprobar Literatura de 8º,de Mariano José de Larra, que con su estilo mordaz e incisivo dedicaba allá por el año 1835 un articulo a una costumbre extendida en la época y recogida por algún notable restaurante de nuestro entorno.

Larra escribía sobre el álbum de firmas que estaba de moda en la alta sociedad madrileña de la época. En él, las damas recogían y se intercambiaban firmas, dibujos o versos, según la habilidades de cada cual. Era un auténtico repertorio de vanidad. No se podía ser buen amigo y no poner algo en el álbum de tal señora o tener algo en mi álbum de tal relevante personaje. Decía el autor que el álbum era como “un cementerio donde están enterrados los tontos al lado de los discretos, con la única diferencia de que los segundos honran al álbum y éste honra a los primeros”.

La reflexión me ha venido a la cabeza en múltiples ocasiones y la considero válida para el mundo del fútbol y de los dirigentes que por él vamos pasando. Quizá la diferencia sea que somos muchos más los tontos que hemos sido honrados por el fútbol que los discretos que los honraron.

Sin duda pocos dirigentes, a mi modo de entender, representan mejor este segundo selecto grupo que D. Angel Viejo Feliú, y pocas personas les puede venir mejor el calificativo empleado por Larra de “discreto”.

Quizás de forma tardía y posiblemente no en su justa medida, sus amigos, su entorno y toda la afición sportinguista le ha reconocido sus méritos. Yo no sabría glosarlos, a pesar de mis apetencias, mejor de lo que muchos lo han hecho, pero Ángel ha tenido una capacidad muy escasa en nuestra competitiva sociedad, aunque de auténtica rara avis en el mundillo del balompié.

Ángel invirtió. Sacrificó el presente para tener un mejor futuro o, mejor aún, para que el Sportinguismo, sus dirigentes y sus aficionados tuviesen años y décadas mejores.

Aquel presidente no pudo hacer grandes fichajes, ni recoger muchos trofeos, y a bien seguro no recibió muchos aplausos de su afición. Conociendo a Angel, tampoco buscó el éxito propio efímero y banal. Y no lo hizo porque la mayor parte de los recursos, de los que disponía en aquellos años, los sacrificó para que Gijón tuviese unos campos de entrenamiento adecuados (Mareo), semillero de las futuras estrellas que darían luz a muchos dirigentes futuros. Mereció la pena, aunque me imagino la fe y el esfuerzo que se tuvieron que necesitar para una tan visionaria empresa.

Hoy, todos reconoceremos que el sacrificio mereció la pena, sin embargo pocos son los privilegiados que tienen esa sabia discreción para no caer en el éxito fácil y rápido.

Dirigentes así a nuestro fútbol le vendrían bien, y a nuestra región le son y le serán imprescindibles.

Ángel ha hecho lo más difícil: nos ha puesto el ejemplo.

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